domingo, 22 de marzo de 2015

HISTORIA DE VALENCIA: LAS FALLAS

La historia de las fallas se remonta al siglo XVIII cuando los carpinteros de la ciudad, en vísperas del día de su patrón San José, quemaban frente a sus talleres, en las calles y plazas públicas, los trastos viejos e inservibles junto con los artilugios de madera que empleaban para elevar los candiles que les iluminaban mientras trabajaban en los meses de invierno, es por ello que la Cremà, momento en el que arden los monumentos falleros, siempre coincide con el día 19.



A partir de ese momento, las fallas pasaron de ser meras piras de materiales combustibles a auténticos monumentos cargados de sentido crítico e irónico, ya que en ellos se mostraban escenas que reproducían hechos sociales censurables y críticas sociales, todo ello rodeado de un gran sentido del humor.

 
Durante el siglo XIX esta fiesta fue duramente perseguida provocando que en 1885 un movimiento en defensa de las tradiciones típicas, otorgando la revista “La Traca” premios a los mejores monumentos falleros. Esto provocó una competición entre los vecinos de los barrios dando lugar al nacimiento de la falla artística en la que se unían crítica y estética. Ya a inicios del siglo XX el Ayuntamiento de Valencia decidió intervenir otorgando los primeros premios municipales a las mejores fallas lo que generó la unión entre el pueblo y el poder político, provocando una evolución de esta fiesta popular.



En la actualidad, Valencia sigue entregada a su fiesta con gran devoción, ya desde el 1 de marzo se puede ver en las dos plazas del Ayuntamiento la Mascletà, un espectáculo para todos los sentidos: se oyen los masclets, se ve el fuego, el humo y huele a pólvora, a lo que se suma la Cridà, la invitación de las falleras mayores de Valencia a participar en las Fallas dando el pistoletazo de salida las celebraciones falleras.



Como presagio primaveral, las Fallas se viven en la calle ya que la ciudad se convierte, toda ella, en peatonal. Esto combinado con la música, el olor de la pólvora y las flores, así como el aroma típicamente fallero de los buñuelos de calabaza los cuales se pueden degustar con un exquisito chocolate en cualquier lugar de la ciudad.



 El día 15 de marzo empieza la Plantà y al día siguiente ya está cada falla en su lugar para el disfrute de los valencianos y de los visitantes que en esos días llenan la ciudad. Estos monumentos se levantan en cada una de las calles y esquinas de la ciudad y de los pueblos de Valencia caricaturizando y criticando la vida social y política de la ciudad y del país.



A todo esto se añade la Exposición del Ninot, la Cabalgata del Reino, los castillos de fuegos artificiales, la Ofrenda de flores a la Virgen y la Nit del Foc, citas imprescindibles para una auténtica vivencia fallera.



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Ana Sánchez Delgado

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